Bajo la falsa consigna de austeridad – un relato alineado a los discursos provincial y nacional – el gobierno de Roy Nikisch no hace más que replicar una conocida matriz política: “decir una cosa y hacer otra”, manejándose bajo el manto de la oscuridad.

Los números de la gestión municipal actual desmienten cualquier épica de transparencia. El Municipio ya lleva gastados más de $40.000 millones en alquileres de equipos que jamás se utilizaron, pagó más de $8.000 millones de una deuda inexistente y convalida escandalosos sobreprecios tanto en obras como en compras directas.

Mientras el Ejecutivo se presenta como una administración «lenta pero segura», prometiendo una prestación básica garantizada, acumula graves denuncias sobre el manejo de los recursos públicos, deudas dudosas, contrataciones irregulares y sospechas de corrupción que ponen en serio riesgo el futuro financiero de las arcas municipales. Esta supuesta vocación de transparencia se desmorona cuando se constata que no se publican los actos administrativos, se niega sistemáticamente el acceso a la información y se modifican las registraciones contables oficiales con el único fin de ocultar lo hecho.

 

MÁS DE UN MILLÓN DE «HORAS FANTASMA» EN ALQUILER DE MAQUINARIA

A la fecha, el Municipio registra más de un millón de horas liquidadas y con el pago al día, concentradas en un cerrado grupo de algo más de 30 empresas que renuevan periódicamente sus contratos. El agravante institucional es absoluto: existe una total inexistencia de contraprestación por parte de los proveedores, quienes por pliego deberían poner a disposición cada equipo durante 10 horas diarias.

Para dimensionar la maniobra y llegar a ese millón de horas facturadas, el Municipio debió haber tenido alquilados, en promedio, unos 260 equipos trabajando de manera ininterrumpida diez horas todos los días. Esta supuesta logística le costó al gobierno local la sideral suma de $40.000 millones; un desembolso real y efectivo del Estado para financiar un servicio que finalmente estuvo ausente en las calles.

 

SU AUSENCIA EN LAS CALLES DE LA CIUDAD ES PARTE DEL PLAN

La ausencia de esta maquinaria en las calles de la ciudad no es una casualidad, sino parte de un plan preconcebido. Para dimensionar la magnitud del fraude, basta con señalar que estos 260 equipos en teoría contratados deberían triplicar la presencia física de los colectivos del transporte público de pasajeros en la vía pública, y superar por diez a los 26 camiones compactadores que realizan la recolección de residuos en toda la ciudad. Sin embargo, durante el primer tramo de la gestión el despliegue de estas máquinas fue nulo, pasando a ser apenas mínimo y marginal recién después de que nuestra denuncia tomara estado público.

Sostener esta operatoria de manera sistemática en el tiempo, hasta alcanzar el escandaloso número de un millón de horas facturadas, es la prueba más contundente de un esquema perfectamente prediseñado y aplicado como una prioridad política y económica por parte de la gestión municipal.

EL PROBLEMA NO SOLO ES EL MILLÓN

El problema no se agota en el millón de horas sobrefacturadas. El problema de fondo es que la ciudad y sus vecinos no recibieron absolutamente nada a cambio: no hubo mejoras en los servicios esenciales, no se ejecutaron obras de infraestructura clave, ni se alivió la carga impositiva. En definitiva, no se tradujo en acciones que mejoren la calidad de vida de la comunidad, pero los fondos públicos ya no están.

Cuando una administración dilapida semejante caudal de recursos y la ciudad sigue sumergida en el mismo abandono de siempre, la discusión deja de ser simplemente técnica o presupuestaria. La pregunta obligada que debe responder esta gestión ya no es cuánto se gastó, sino una mucho más profunda: ¿dónde está la plata del pueblo de Resistencia?

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